Este artículo resume el documento “Violencia, Música y Fiesta en el Tolima”, autoría del Maestro Héctor Manuel Galeano Arbeláez, ponencia presentada en el V Congreso Internacional de Ciencias Históricas - Encuentro de Estudios de Carnaval (Barquisimeto - Venezuela, 23- 26 julio de 2013), y en el II Congreso Internacional EDIFICAR LA PAZ EN EL SIGLO XXI (Bogotá - Colombia, 24 - 26 de Septiembre de 2014), Publicado en Nueva Revista Colombiana de Folclor Número 29, Volumen 9, pp 73-95 Bogotá, 2019.
Esta ponencia sostiene que la cultura —música y fiesta— fueron antídoto contra la violencia en el Tolima y que debe tenerse en cuenta en el posconflicto.
La resistencia iniciada en los años treinta como lucha por la tierra en Colombia, se transformó en lucha por territorio, concepto que, siguiendo a Rincón (2013), integra lo natural, político-jurídico, económico y simbólico-cultural, y cuya territorialidad se expresa como relaciones de poder. En ese territorio (suroriente tolimense, cuna de la resistencia armada aún vigente) el sector rural sigue desatendido y el ordenamiento es de facto por planificación y violencia. De medio siglo de resistencia quedaron cruces de palo, huérfanos y desplazados, pero también identidad cultural y sentido de pertenencia, reflejados en una música que “con tiple y bambuco le cantan a la vida, al Tolima y a la paz”.
Sigue un bloque sobre el tiple y el bambuco como identidad: la violencia ejercida contra la música criolla (confinada a trapiches, fondas y tiendas), la intolerancia de Guillermo Holguín en 1923 preguntando quién podría proponer el tiple en obras artísticas, y el reconocimiento posterior (Morales Pino, las retretas, las grabaciones). Con cita de Perdomo y Puerta se describe al tiple como bautizado en las fondas camineras, con “doce cuerdas… doce apóstoles”, y al bambuco como “el aire del pueblo, de la gleba oprimida, grito de dolor y de gozo”. Unos versos del tiple de San Juan y San Pedro y tres composiciones ilustran esa espiritualidad: Hágame un tiple maestro (Evelio Moncada), Vivir cantando (Lucho Becerra) —extractos extensos sobre el campesino que vive cantando— y el homenaje nacional de 2013 al maestro Ancízar Castrillón con Tiplecito Colombiano, más Mi Tiple Confidente y El Bambuco es así. La frase de Jorge Eliecer Barbosa —“la música es la huella digital de los tolimenses”— resume el bloque junto al tríptico “campo, tiple y bambuco”.
El centro documental es la violencia cantada. A la historia del muchacho Chispas —obligado a tirar su tiple al río tras un asedio— se vincula el Canto al Tolima de Atahualpa Yupanqui (recitado en Ibagué en 1979, grabado en Zúrich en 1992 y editado con Ángel Parra en 1999), cuya letra completa se transcribe: “Sólo una vez he llorado… y el tiple cayó en el río”. Se identifica al Chispas como Teófilo Rojas Varón, guerrillero tiplero. El violín de Marulanda aparece en la cita de Alape: “tuve que cambiarlo por la música de un fusil”. Luego entran las canciones de la resistencia: La Sangre de Gaitán (tras el 9 de abril de 1948), General Arboleda (por el asesinato de Efraín Valencia), Mariachi (José María Oviedo, pastor protestante y mano derecha de Peligro), y las canciones de víctimas y desplazados: Carlos Julio Quimbayo (hija a la guerrilla, hijo al batallón, muerte de la esposa), y Leonor Buenaventura de Valencia “la novia de Ibagué”, autora del sanjuanero La Guerrillera (1962, sobre Dolores Contreras) y del bambuco ¿Por qué? (1980), que pregunta por los motivos para matarse entre hermanos y sugiere volver el fusil “contra el que a tu patria humilla”. Se completan con Hay que sacar el diablo (Eugenio Arellano), A quien engañas abuelo (Arnulfo Briceño), De aquí no me voy, El retorno de José Dolores (Jorge Villamil) y Clamor del pueblo. El autor subraya que “se cantó al desplazamiento, al asesinato del familiar, al regreso a la tierra, a la paz y a la vida”, y que el estudio de la música puede aportar a las investigaciones sobre violencia.
La fiesta entre los alzados se documenta con tres casos: en la toma de Marquetalia (1962), los cocineros del Alto Trilleras voltearon las ollas, recogieron tiple, guitarra y maracas, y tres días después amenizaban una fiesta (Alape); Charro Negro, bailador y fiestero, miembro del Partido Comunista, fue asesinado tras una amnistía al ser invitado a un baile; y la diferencia entre liberales (que iban de cantina en cantina) y comunistas (encerrados en El Davis).
La última parte reconstruye el Primer Festival Folclórico Colombiano: de las fiestas indígenas de solsticio coincidentes con San Juan y su imposición cristiana, a la Ordenanza No. 54 de 1935 (San Juan como fiesta departamental), la Ordenanza No. 51 de 1945 (fiesta de la música popular), el Decreto No. 46 de 1958 (Junta Municipal de Turismo) y el Acuerdo No. 02 de enero de 1959 (Semana Cultural y del Folclor Tolimense). En ese ambiente Adriano Tribín lanza la idea del festival; tras un Cabildo Abierto lleno en la Plaza de Bolívar y una reunión nocturna con el gobernador Rafael Parga Cortés, la comisión —con el ex presidente Darío Echandía de intermediario y acompañada por Leonor Buenaventura y Amina Melendro de Pulecio— obtiene cita con el presidente Lleras Camargo, quien pregunta por los agentes de policía necesarios y recibe de Tribín la respuesta: “Ninguno, señor Presidente, porque esta es una aventura del corazón”. Los opositores envían telegramas denunciando el “estado cantinero”.
El festival se realizó del 23 al 29 de junio de 1959, superó todos los cálculos, originó la Galería Departamental de Artes Plásticas y el Museo de Arte Popular del Tolima, obligó a hospedar en residencias privadas por falta de hoteles, y el gobernador ordenó dejar disfrutar la fiesta a los comandantes guerrilleros que unos detectives querían detener en el Café Nutibara. Tras la segunda versión surgieron las “fiestas del retorno” en los municipios más afectados, demostrando que “la fiesta es un buen antídoto contra la violencia” y que “la cultura merece atención especial en el posconflicto”. Incluye 18 referencias (Alape 1989, ordenanzas y decretos, Perdomo, Puerta, Restrepo, Rincón, Tribín 1995, Villa 2007, entre otras).



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